Please! un rite

Pasaba por momentos difíciles, y había decidido volver a buscar a Dios después de un largo periodo de silencio por mi parte.

No tenía dinero, pero la iglesia me quedaba cerca, así que tome una carriola y un canguro para llegar con mis hijos. Un trayecto aproximado de kilómetro y medio – 20 minutos caminando, me pareció extraño llegar y no ver movimiento, generalmente a esa hora del día, ya habían filas de autos estacionados y otros tantos buscando lugar donde estacionarse.

Un anuncio en la puerta «Les recordamos que por ser el aniversario, el servicio se llevará a cabo en … » a seis kilómetros de distancia, una hora y cuarto caminando. Difícil para alguien que no llevaba dinero ni para poder tomar un camión.

Justo en ese momento, llegó una camioneta, en la misma situación que yo no sabían / recordaban del cambio de sede para ese día. Cuando los vi, pensé -!que bien! seguramente podremos compartir auto, me dirán !vamos! Camioneta de 7 pasajeros, nosotros 3. Cabíamos perfecto. «Buenos días» hubiera sido mucho, no dijeron nada, leyeron y se fueron.

Aparte de lo que un «lastimado» puede sentir… . Uno de los dos tuvo que haber hablado. Pude haber dicho, ¿van para allá, nos pueden llevar? o ellos ¿van para allá, los llevamos? Entonces entendí algo: para poder compartir auto, uno de los dos tienen que hablar –please! un rite

Entre el miedo y la necesidad

De acuerdo con el INEGI, en México en promedio gastamos el 40% de nuestro salario en transporte. Es doloroso y cansado pensar en todo lo que «sufrimos» por llegar a un destino.

Y aunque estamos tan acostumbrados y nuestro consciente ignora tantos sucesos a nuestro alrededor, es un hecho que ese 40% nos hace falta para otras necesidades diarias o bien para un gustito.

Se me ocurrió buscar personas a mi alrededor, alguien que viajara en la misma ruta que yo, y por supuesto que fueran conocidos, fue lindo mientras duró, personas amigos de amigos o mis amigos y/o familiares, con una cooperación que a mi me ayudaba a pagar la gasolina y casetas.

Sin embargo por azares del destino, esos azares que uno no se explica todos al mismo tiempo dejaron de trabajar por mi zona.

La cuenta se fue al cielo, ya me había acostumbrado a poner de mi bolsillo sólo una parte proporcional.
Así que me quite el miedo por un momento, y publique en un grupo de tráfico en una red social. ¿alguién quiere compartir costos de viaje?

Dicen que el dinero transforma a las personas… A mí me transformó, hice a un lado mi miedo y decidí dar uno de los saltos más importantes… al leer «yo, te escribo directo (inbox)»

¡A usted lo conozco!

autopista Toluca-México un día como siempre…

Todos los días nos desplazamos, salvo que estemos de esos días raros guardados en casa, la movilidad es una necesidad. Necesidad que llevamos a cabo de la manera que creemos que para nosotros es la mejor. Y para la mayoría de las personas es viajar solos en nuestro auto, disfrutando de nuestros pensamientos, de nuestra música, de esa pequeña extensión de nuestra casa.

¿Alguna vez has observado a los de tu alrededor? Puede ser que en la misma parada del autobús esté una persona que baje muy cerca o en el mismo destino que tú.

Estando en el tráfico, podrás notar que son los mismos autos, las mismas personas… y de regreso igual, sólo que ahora sus rostros muestran cansancio, hastío, y esa pequeña extensión de nuestra casa, se vuelve además del medio de transporte nuestra muralla hacia el mundo exterior.

He visto un auto gris salir del mismo origen que el mío, de regreso un auto rojo, y a un auto blanco pagando la caseta a la misma hora que yo. Siempre me pregunté que pasaría sí yo me acercara a la ventanilla de alguno de ellos y les dijera -Yo a usted lo conozco. Coincidimos más de lo que piensa, lo veo que sale por mi casa, toma la misma ruta. O tal vez usted señora del auto blanco, podríamos compartir el regreso, he notado que salimos a la misma hora. Nunca me atreví, mi muralla no me lo permitió…