Pasaba por momentos difíciles, y había decidido volver a buscar a Dios después de un largo periodo de silencio por mi parte.
No tenía dinero, pero la iglesia me quedaba cerca, así que tome una carriola y un canguro para llegar con mis hijos. Un trayecto aproximado de kilómetro y medio – 20 minutos caminando, me pareció extraño llegar y no ver movimiento, generalmente a esa hora del día, ya habían filas de autos estacionados y otros tantos buscando lugar donde estacionarse.
Un anuncio en la puerta «Les recordamos que por ser el aniversario, el servicio se llevará a cabo en … » a seis kilómetros de distancia, una hora y cuarto caminando. Difícil para alguien que no llevaba dinero ni para poder tomar un camión.
Justo en ese momento, llegó una camioneta, en la misma situación que yo no sabían / recordaban del cambio de sede para ese día. Cuando los vi, pensé -!que bien! seguramente podremos compartir auto, me dirán !vamos! Camioneta de 7 pasajeros, nosotros 3. Cabíamos perfecto. «Buenos días» hubiera sido mucho, no dijeron nada, leyeron y se fueron.
Aparte de lo que un «lastimado» puede sentir… . Uno de los dos tuvo que haber hablado. Pude haber dicho, ¿van para allá, nos pueden llevar? o ellos ¿van para allá, los llevamos? Entonces entendí algo: para poder compartir auto, uno de los dos tienen que hablar –please! un rite